domingo, 27 de abril de 2014

Esa extraña costumbre de ir a un antro gay

Todo comienza desde saber que iré de antro, estaba fachoso y me meti a bañar, me quite la barba, me puse mi mejor ropa y puse mi mejor cara, se preguntarán ¿Con qué fin? Bueno, todo se trata de aparentar, ser guapo, que saber vestirte bien y que eres un candidato a un ligue, o al menos eso fue en un principio para mi... Ahora sólo es una costumbre, como cuando te levantas y te lavas los dientes y sales al trabajo. ¿Porqué ya no para ligar? Fácil! Los perdedores como yo, no ligamos, soy increíblemente inseguro de mi mismo (y creo que por eso el ritual) de antemano se que nadie se fijará en mi y sí lo hace no me sentiré lo suficientemente bueno para esa persona.

El alcohol: Que hueca, vacía y horrible debe ser mi vida, como para tener que recurrir al alcohol para divertirme un poco. Pensándolo bien de que se trata la gracia de tomar? Haces el ridículo, no tienes control de ti, apestas y lo peor es que no estas 100% consciente de lo que haces y aún así cada vez que salgo, lo sigo haciendo....

Y después el vacío: Casi siempre en el taxi de regreso, vengó pensando en porque lo hice, porque salir a tomar, porque me gaste mi dinero en ese lugar que sólo alimenta mis inseguridades y mis tristezas. De qué se trata? Porque no puedo dejarlo? Qué me hace falta? Porque lo lleno con alcohol y banalidades? Así me siento ahora, literalmente me doy asco a mi mismo. Quisiera dejar de hacerlo, pero mi soledad a veces me empuja a ir (y la calentura también) tontamente aún tengo la esperanza de encontrar algo excepcional en ese lugar. Quiero dejar de hacerlo, por mi bien mental, económico y moral... 

Aunque seamos honestos, los perdedores como yo, siempre volvemos, es por eso que somos perdedores.

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